miércoles, 4 de enero de 2012

Actividades de ASAC en colaboración con Puerto de Culturas

Os dejo de las últimas imágenes de nuestra colaboración con Puerto de Culturas, finalizó teniendo un gran éxito, y con la solicitud de todos los que pudieron disfrutar de nuestras actividades para ver si se podían repetir en próximas exposiciones.
Agradecer el magnífico trabajo realizado por nuestro genial Grupo de Observadores, que hicieron una gran labor educativa y de divulgación de la Astronomía.

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Aquí podemos ver parte de la labor realizada por nuestros observadores en "La Noche de las Estrellas" y unas declaraciones de nuestro Presidente D. José Bonnet Casciaro.


Y las últimas imágenes realizadas del "Taller de Pequeños Astrónomos" agradeciéndole a las monitoras Virginia Imbernón, Cristina Díaz, Violeta Imbernón e Isa, por su gran colaboración y esfuerzo durante las jornadas realizadas en el Fuerte de Navidad.
Agradecer a Puerto de Culturas el que haya pensado en nuestra asociación para realizar tan magnífica exposición, ha resultado un gran éxito y hemos disfrutado todos con las actividades tanto los visitantes como los que hemos colaborado en ellas.
La monitora Virginia Imbernón organizándo y explicándo las actividades
a realizar.
Isa explicando como hacer la manualidad del Saturno.
Las monitoras Cristina e Isa las primeras en llegar a Marte.


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Vídeo del "Taller de Pequeños Astrónomos".

martes, 3 de enero de 2012

Canopus desde Cartagena. O como a veces segundas partes sí son buenas

Las ideas son solo eso, ideas. Unas buenas, otras no tanto, pero todas tienen algo en común, son cosas que, o no hemos visto todavía, o solo existen en nuestra mente.
Algunas son del todo imposibles, el resto son cosas más o menos posibles y realizables que entre otras cosas necesitan recursos y medios (estén disponibles o no), mucho ingenio y tesón. La idea que llevó a esta “cosa”, solo requería de esto último y algo de ingenio, no mucho la verdad. Los recursos estaban casi todos disponibles.
Hace muchos años, más de diez, en la era pre-Internet, todas las fuentes de información que teníamos eran catálogos, prensa especializada, enciclopedias y las bibliotecas. Revisando algunos catálogos, me dí cuenta que hay objetos realmente fascinantes que solo son visibles para los observadores del hemisferio Sur. Yo también quería observarlos y me preguntaba cuáles podríamos ver desde nuestras latitudes, de modo que me puse a echar cuentas y calculé la declinación límite para nuestros lugares habituales de observación.
En el rango entre el ecuador celeste y esa declinación límite, estuve buscando esas “cosas interesantes" en el Sky Atlas 2000, que era nuestra herramienta de campo para las observaciones, hasta que me di de bruces con el mejor cumulo globular del cielo, el Omega Centauri. Me di cuenta inmediatamente que estaba dentro del rango observable, de modo que calculé la ventana de observación y preparé un pequeño y modesto texto con los cálculos. Necesitábamos la "prueba fotográfica" que los corroborara, pero en aquel entonces yo no tenía medios para hacerlo, de modo que convencí a uno de mis compañeros para que una noche, dentro de la ventana, apuntase la cámara hacia esa zona del cielo y, efectivamente, ahí estaba. Después lo hemos observado con telescopio, con las limitaciones atmosféricas obvias.
Después de aquel éxito vino la segunda parte. Puse el ojo en otro objetivo mucho más ambicioso, observar en el límite real.
Para observar en el límite hay que ser algo más cuidadoso porque se debe tener en cuenta que se necesita el horizonte más bajo disponible, que no es otro que el nivel del mar y que esté orientado hacia el Sur. Además de tener en cuenta exactamente desde donde se observa para poder saber exactamente hasta dónde se podrá ver, de modo que había que elegir un lugar para la observación y determinar con precisión sus coordenadas geográficas.
En Cartagena, marcar un lugar para esta observación fue relativamente fácil, ya que aquí estamos acostumbrados a que el Mediterráneo nos trace la línea del horizonte, y desde Cabo Tiñoso hasta Cabo de Palos, todas las playas miran al Sur. Elegí la playa de El Portús por la proximidad y la relativa oscuridad.
Ahora solo quedaba determinar con precisión las coordenadas del lugar de la observación, ¿pero cómo demonios iba yo a hacer esto?. Se lo que estáis pensando pero en aquellos años, (corría 1997 y 1998) el G.P.S. no era una opción, de hecho ni se me pasaba por la cabeza. Lo que teníamos al uso eran los precisos mapas del ejército, o los del ministerio. Con regla y escalímetro conseguí calcularlas. Parte del trabajo estaba hecho, ya sabía desde dónde observar y hasta dónde podría ver.
Hurgando en el límite me encontré con la segunda estrella más brillante del cielo, Canopus, pero demonios, estaba “un pelo” por debajo del límite. Cuando digo “un pelo”, me refiero a tan poco que calculé el lugar desde donde asomaría justo en el horizonte, y ese lugar es la ciudad de Aguilas, a ese poco me refiero.
Lo dí por imposible claro, hasta que leyendo leyendo, conseguí un artículo muy bueno que hablaba de la influencia de la refracción atmosférica en la posición aparente de los astros. El caso es que cuanto más bajo está un astro, más "levanta". La pregunta era inmediata, ¿Podríamos ver sobre el horizonte por refracción una estrella que está por debajo y teóricamente es inobservable?. A esto había que añadir el problema de que a ras del horizonte la luz tiene que atravesar mucha atmósfera y la extinción es muy grande, luego necesitaba algo realmente brillante.
Canopus tiene una magnitud aparente de -0.7. Como referencia tenía las magnitudes aparentes de la estrella más brillante del cielo, Sirio (-1.45), y Vega (0). Los datos que tenía de refracción, me indicaban que a ras del horizonte un astro puede levantar algo más de 30 minutos de arco, y Canopus culmina a algo más de 17 minutos por debajo de la línea del horizonte en el lugar de la observación. Todo parecía indicar que era posible, pero que tan solo asomaría tímidamente algo más de 10 minutos de arco por encima del horizonte, eso se transforma en algo más de media hora de observación aprovechable.
El reto estaba servido. Solo había que calcular la ventana de observación para las condiciones más favorables. Atmósfera estable, humedad baja y el horizonte despejado, las íbamos a necesitar.
La primera vez que Canopus y yo nos vimos las caras fue una fría noche de invierno al bajar de un avión en el aeropuerto Reina Sofía, al Sur de la isla de Tenerife, en un viaje que hicimos en Diciembre de 1999 a conocer la isla y a conocer también las instalaciones que el Instituto de Astrofísica de Canarias tiene allí que son, el propio instituto, con sede en la ciudad de La Laguna, y el observatorio de Izaña, en la caldera del Teide a 2200 m. de altura sobre el nivel del mar. Es parte del Observatorio Norte Europeo, donde se encuentran unos cielos esplendidos para la observación astronómica.
Aunque el viaje no había sido demasiado largo yo ya estaba agotado, pero ese "tic", que tenemos la mayoría de los que nos gusta la Astronomía, me refiero a que somos incapaces de salir de un espacio techado sin mirar arriba, me hizo escudriñar aquel cielo aclarado por las luces de pista, donde solo la luz de las estrellas más brillantes sobrevive. Localizar a Sirio fue relativamente fácil, y la figura del cazador también, pero justo debajo de Sirio, bastante al sur, lucía una brillante estrella blanca que no había visto jamás. Inmediatamente comprendí que se trataba de Canopus, al menos ya sabía como es. Los días siguientes también la estuve observando, ya que sabía positivamente que una vez en casa no nos volveríamos a ver.
Poco a poco, el tiempo y el olvido fue dando al traste con este miniproyecto. Aunque año a año, siempre al llegar estas fechas, me picaba el gusanillo de salir a echar una fotos. Excusas, tan solo excusas. Unas veces por esto otras por aquello, el resultado siempre era el mismo. Adiós ventana de observación.
Hace unos días, hurgando en unos papeles viejos, me encontré con el documento original que había preparado en aquella ocasión para hacer esta observación, de modo que decidí rescatar este proyecto e intentarlo.
Han sido tres noches intensas y de muchas emociones las que culminado un pequeño reto aparcado y procrastinado durante algo más una década. Un reto no especialmente difícil, de lo contrario no hubiese podido llevarlo a la práctica, pero era una idea que me rondaba la cabeza y no quería dejar pasar este año la oportunidad.
Tres noches porque
, aunque en las fotos de la primera ya aparecía Canopus, ya sabéis que en ciencia las cosas funcionan de otra manera, el que habla carga con el peso de la prueba, luego fue necesario repetir las tomas en distintos días para cerciorarme de que no estaba fotografiando otras cosas.



Se han señalado las principales constel
aciones, además de Canopus,
Beta Pictoris y dos estrellas más de referencia.


Estuve esperando unas noches de viento norte sin Luna. En estas condiciones, levantar la vista en el lugar de observación para contemplar un cielo completamente cubierto de estrellas es fantástico. Dominando la escena por completo Orión, el gran cazador y sus perros, subidos al cielo y convertidos en estrellas por el mismísimo Zeus.
Dos cazadores que se miran entre sí. Parece completamente surrealista. El cazador y sus perros de caza, hechos de estrellas, miran desde el cielo al cazador de estrellas y su perro de caza, la cámara, que a su vez les miran desde el suelo.
Al frente, el Sur, donde el Mediterraneo nos dibuja a los habita
ntes de esta tierra la línea del horizonte. Un poco hacia el Oeste se intuye la alargada silueta del Cabo Tiñoso y en su extremo, el destello brillante e intermitente del faro, preciso, marcando su compás. La noche, fría, el mar en calma, y en la orilla, bajo el manto estrellado se escucha, de fondo, la rítmica sinfonía del murmullo de las olas que suavemente acarician la playa y derraman sobre ella su espuma de mar.
La última noche, de vuelta a casa iba pensando en todos los años que había ido dejando pasar algo tan simple y sencillo como ir a tomar unas fotos a una playa cercana. Es cierto también que muchas veces asalta la duda de si será una completa pérdida de tiempo, pero ahora, mientras contemplo las fotos, he decidido disfrutar este pequeño y modesto triunfo y no pensar en el pasado.
El resultado ya lo habéis visto, ahí está, En el lugar donde cielo y mar se tocan. Cielo y mar, agua y aceite, cada uno en su sitio y en esa finísima linea que los separa, Canopus desde Cartagena.

Andrés J. Ros González